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Alice Feiring y los vinos de Alfredo Maestro y Goyo García Viadero

Un currículo forjado en prestigiosas publicaciones como las revistas Time, Forbes Traveler o New York Magazine, y en periódicos como The New York Times o Los Angeles Times, avalan la trayectoria de la periodista y escritora neoyorquina Alice Feiring, que decidió lanzarse a un río de aguas bravas como es el mundo del vino, especialmente si se nada contra corriente. Esta osadía le ha valido ser reconocida con importantes premios como el de la Fundación James Beard, entidad que honra y preserva las tradiciones culinarias americanas, dedicada a uno de los grandes cocineros del país. Su web, The Feiring Line, también es un referente.

Alice Feiring, dedicada en cuerpo y alma y experta en vinos naturales (aquellos sin química ni productos enológicos de cualquier tipo), a los que ni se les añade ni quita nada desde el terruño a la copa, ha pasado recientemente por España para preparar su tercer libro. Ha pasado por Castilla y León para conocer el trabajo de dos pioneros del natural wine en España: Alfredo Maestro Tejero (Peñafiel, Valladolid), y Goyo García Viadero (Burgos).

Su curiosidad por el mundo del vino despertó en la Universidad. Tras diez años en Boston, regresó a Nueva York. Observó que se había producido un gran cambio porque «los vinos que a mí me gustaban ya no existían» y emprendió la búsqueda. «Visité viñas para ver cómo se hacía ese vino, y me apasioné».

En el 2004 abrió su blog en Internet para compartir inquietudes y opiniones que iban contra un orden establecido. El título de su primera obra da alguna pista de porqué tantas dificultades: ¿La batalla por el vino y el amor. Cómo salvé el mundo de la parkerización?. Se trata de un desafío al todopoderoso prescriptor de vinos Robert Parker, donde defiende la vuelta a la autenticidad, naturalidad y sensatez en la elaboración para conseguir vinos con el alma del lugar y las gentes que lo hacen. «La verdad está en el sabor, en la experiencia. Los vinos naturales son solo las uvas. Lo mejor para apreciarlos en su máxima expresión es su transparencia», resume.



A Alice Feiring se la considera una antropóloga del vino. No entiende cómo se puede catar y valorar un vino como lo hace Parker, solo en la copa, sin conocer la viña. Gustos divergentes, conceptos distintos, influencia dispares («a mí no me hacen tanto caso como a él», bromea); aun así, no cree que Parker quiera homogeneizar o que se elabore según sus gustos, «sino que llegó un momento en que los vinos eran en todas partes iguales, y le gustaban».

Una red entre elaboradores
Aunque ya los incluyó en su primer libro, está empezando a conocer los vinos naturales españoles. Le parece «fantástico» que se haya creado una red fraternal entre los elaboradores de aquí, que intercambian experiencias. Se trata de pequeños productores. Estima que «este tipo de vinos es más conocido fuera de España». La neoyorquina ve futuro en esta filosofía vitivinícola. Lo cierto es que grandes bodegas empiezan a valorar las posibilidades de negocio en este nicho, pero Alice avisa de que muchas veces confunden, pues no es totalmente natural el producto que hacen. Es más marketing que un cambio de mentalidad. Para evitar confusiones, considera que lo mejor es que la Unión Europea exija en el etiquetado la aparición de los productos que contiene el vino.

Pioneros en Castilla y León
Alfredo Maestro Tejero y Goyo García Viadero han sido de los primeros en el país en decantarse por la elaboración de estos vinos. Desde la viña a la bodega, los producen en lugares tan dispares como en Cantabria, Madrid, Sierra de Gredos y dentro de zonas vitivinícolas como Ribera del Duero, Arlanza o Cigales.

Goyo Gracía Viadero indica que este forma de hacer vino «surge del amor por la viticultura, de lo que aprendes, ves y hueles en el campo; algo que luego quieres transmitir con la menor intervención y con la intención de buscar lo más auténtico». El camino «es muy complicado porque es algo que nadie entiende. Vas haciendo vino, vas afinando, vas acertando con lo que tú quieres», y, poco a poco, primero «viene una cierta aceptación en los medios», y luego llegan la «buenas puntuaciones por parte de importantes críticos y revistas especializadas y ahí es cuando la gente se queda boquiabierta», explica el viticultor, quien aventura que «habrá un retorno, lo que hay ahora es una moda. Lo que no podía ser es que esto lo hubieran desterrado, casi prohibido».

Alfredo Mestro explica que «no vamos poniendo como argumento de venta que este vino tiene una elaboración determinada; lo que vendemos es su calidad. Si luego interesa su elaboración, pues mejor». «Es un vino más, de calidad, que se hace de otra forma». Al igual que Goyo, Maestro realiza producciones pequeñas, que vende sobre todo en Estados Unidos, Reino Unido, Australia, Japón y España. Como anécdota, cuenta que al principio «era más fácil encontrar una botella de mi vino en Nueva York que en mi pueblo, Peñafiel, pero después de unos años de trabajo ya se conoce en casa».

© Agapito Ojosnegros
Fuente original

 

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